viernes, 31 de julio de 2009

Heroes



Estar absolutamente borracho es estar absolutamente incapacitado para la acción, y por lo tanto, tan alejado como se puede estar de la responsabilidad o lo que es casi lo mismo, de la culpa. Momentos sagrados de paz absoluta, de esfuerzo cero. Sé que no puedo esperar que estés siempre sola, lo único que te pido es que no te lo creas todo. No te fíes de los anillos de oro, ni de las carrozas de plata. Todos mentimos bien los viernes por la noche.

miércoles, 29 de julio de 2009

Bajo tolerancia



Quiero decirlo ahora
porque si no después las cosas se complican.
Soy peor todavía de lo que muchos creen.
Me gusta justamente el plato que otro come
aburro una tras otra mis camisas
me encantan los entierros y odio los recitales
duermo como una bestia
deseo que los muebles estén más de mil años en el mismo lugar
y aunque a escondidas uso tu cepillo de dientes
no quiero que te peines con mi peine.
Te explico estas cuestiones
porque si todo vuelve a comenzar
no me hagas mucho caso acuérdate.

lunes, 27 de julio de 2009

Ser Kerouac, Kerouac



Procura estar poseído por una ingenua santidad de espíritu. Eres un genio, siempre. Autor-realizador del cine terrestre financiado por los ángeles del paraíso, describe las indecibles visiones del ser. Lo que sientas encontrará por sí sólo su estilo. Dedica más tiempo a la poesía, pero sólo a lo que es en esencia. Traduce constantemente la historia real del mundo a monólogo interior, sé, como Proust, un fanático del tiempo. Escribe para que todo el mundo sepa como piensas. No pienses con palabras, es mejor que procures ver la imagen. Escribe para ti mismo, recogido, asombrado, dirígete desde el centro a la orilla, nada en el mar del lenguaje, esfuérzate en determinar el caudal todavía inédito que hay en tu espíritu, enamórate de tu existencia. Libretas secretas garabateadas y páginas frenéticas mecanografiadas para tu exclusivo placer. Acoge todo signo, ábrete, escucha, respira, respira tan fuerte como puedas. Vive tu memoria y asómbrate. Acepta perderlo todo.

Lo que la piel no dice



No está escrito en ningún sitio que la piel quiera ser envenenada, ni que prefiera la tinta, a la limpieza original. No está escrito que la voluntad tenga derecho a imponerse sobre la naturaleza. Ni que las mujeres quieran vivir grabadas en los brazos de unos hombres, que tal vez, algún día, no serán suyos. Nadie sabe si es del todo lícito imponerse una condena, una marca, un estigma. No está escrito que sea justo que el dolor se premie, ni que la moda o el adorno o el capricho tengan por qué mezclarse con el alma. No hay razón para atarse a un símbolo cuya trascendencia puede ser transitoria y su presencia permanente. Nadie nos obliga, ni puede obligarnos, a decir para siempre.

Y sin embargo más de una vez lo decimos. Y más de una vez nos manchamos la piel, con la tinta de una idea, de un presagio, de una certeza, que después se olvida, de un amor que después se pierde, o se arruina, de una emoción que creímos duradera, pero que al final, por más que nos neguemos a verlo, estaba de paso. Se van quedando los días, que ya fueron, en la piel, y al mirar atrás, son las marcas las que nos recuerdan aquello que fuimos.

Tal vez en algún momento soñemos con escapar de esta condena, porque al querer ser otros, nos condenamos irremediablemente a ser lo que ahora somos. Y pesa. ¿Pero acaso no pesan también los besos, las palabras que dijimos, el daño que hicimos y el que nos hicieron, acaso no pesa también la historia invisible que arrastramos?

No sólo existe lo que puede verse, existe también lo que se intuye, lo que se promete, lo que se da, existe lo robado y lo que no conseguimos robar.

La vida se amontona en los márgenes de la piel señalada y la piel señalada, se va convirtiendo en una nota al pie de la página de nuestra historia.

¿Qué dicen los versos de amor cuando el amor se ha ido, a quién le hablan, qué explican exactamente? ¿De qué o de quién hablan las canciones del pasado? ¿Qué fue de la furia, del rencor, del entusiasmo, del champán y su resaca? ¿En qué momento nos dimos cuenta, de que nada de lo nuestro, era nuestro para siempre?

La piel recuerda. Y en la temporada de las lluvias, no se borran nunca todos los caminos de vuelta a casa. La piel recuerda un tiempo anterior a la tinta, antes de ser señalada, y recuerda, un tiempo de soledad, antes de ser amada, aunque a menudo no recuerde con precisión el motivo de todo lo sucedido.

Las señales que dejamos nos permiten reconstruir las cosas que rompimos. Se avanza a tientas por el pasado, y aunque no todas las piezas encajan, y algunas ni aparecen, poco a poco, se reconoce un olor, un momento, una noche, o el color de sus ojos. Las señales que dejamos en la piel, nos traen algunas de las cosas que tuvimos, que fueron nuestras, cuando el tiempo no existía, y la memoria no era necesaria.

Porque puede ser que nada se recuerde, pero también puede ser que el amor se empeñe en pelear contra el olvido, como un boxeador sonado y persistente. Puede ser que los días se sobrepongan al rigor de los días, que todo se sume y se amontone, que nada se pierda del todo. Y puede ser que la piel quiera recordar después de todo, los nombres de las mujeres amadas, y las causas de todas las batallas, ganadas, o perdidas, y que los pasos en la nieve no se vayan con la nieve. No es imposible, que lo que pareció arrogancia o locura termine por da fé de lo que fuimos, y que nuestras manos se llenen, cuando ya no esperemos nada, de nuestros pasados y, tal vez, de otros futuros.

No puede descartarse que en algún momento, recuperemos el orgullo y el sabor de lo vivido. No puede descartarse que volvamos sobre nuestros pasos, que reencontremos el sentido a lo perdido, ni debería ser imposible, y seguramente lo sea, que llegado el día, volvamos a entender el código cifrado de nuestra piel, el mensaje en la botella que lanzamos hace mucho, mucho años.

Puede ser, incluso, que al final del camino, volvamos a hacer las paces con el tiempo y empecemos a entender, de nuevo, como niños que recuerdan donde escondieron sus tesoros, nuestros propios tatuajes.

domingo, 26 de julio de 2009

El eco del 23



El Señor es mi pastor, nada me falta, en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas, me guía por senderos de justicia por el honor de su nombre. A pesar de que camine por valles de tinieblas nada temeré, porque tú vas conmigo, tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mí en frente de mis enemigos, me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. Tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida,
y habitaré en la casa del Señor, por siempre.

Zapatos de bien


Como esta noche va de Vicente Ferrer y de filosofía, piensa ahora, por ejemplo lo que te he dicho del hecho de que no te dejen entrar en un sitio por llevar un tipo de zapatillas. Es algo que hemos asumido como "normal", sí, no le dejaron a mi amigo porque llevaba zapatillas, si es que se lo dije, te tienes que comprar zapatos de bien y tal. Ahora analiza la barbaridad, el concepto de zapatilla, algo que te refugia de pisar el suelo directamente, y que no tiene más funciones. Y ves que se pagan barbaridades y que tienen que ser así o asá para según qué sitio, porque sino te prohiben entrar ("te prohiben", es que esa palabra es contra natura), cosa que una vez dentro ni se ven. Y es tela q envuelve el pie. Pero es eso, es lo "normal", lo que se ha establecido y asumido y nadie pega un grito y dice pero oye, ¿estamos todos locos o qué? Son pequeñas tonterías del mundo, que el simple hecho de existir demuestran que algo no va bien y hay que cambiarlo.

martes, 21 de julio de 2009

Hacia el final del tiempo

Algún día yo seré olvidado, como disuelto en fango sólido, como nuestro gruñidor, lujurioso, hambriento hombre de Neanderthal con los huesos rotos. Somos los pastores de nuestros cuerpos, que son animales tan estúpidos, peludos y repugnantes como el ganado. La muerte nos liberará de esta responsabilidad.

sábado, 18 de julio de 2009

Apocalypse Now



Estás peleando por la nada más grande de la Historia.

jueves, 16 de julio de 2009

Tokio Blues


Ella estaba en un terrible estado de nerviosismo y confusión; deseaba que yo la tranqulizase. Apagué la luz de la habitación, la desnudé despacio, con ternura; luego me quité la ropa. La abracé. Aquella noche de lluvia tibia no sentimos el frío. En la oscuridad exploramos nuestros cuerpos sin palabras. La besé, envolví con suavidad sus senos con mis manos. Naoko asió mi pene erecto. Su vagina, húmeda y cálida, me esperaba. Sin embargo, cuando la penetré sintió mucho dolor. Le pregunté si era la primera vez y ella asintió. Me quedé desconcertado. Creía que ella y Kizuki se acostaban. Introduje el pene hasta lo más hondo, lo dejé inmóvil y la abracé durante mucho tiempo. Cuando vi que se tranquilizaba, empecé a moverlo despacio y, mucho después, eyaculé. Al rato, Naoko me abrazó muy fuerte y gritó. Era el orgasmo más triste que había oído nunca.